Entrevista a Miriam García, El invitado de invierno

Fotógrafa culinaria, química, traductora, cocinera, blogger, copywriter. Mujer polifacética por excelencia. Miriam, la cara tras el Invitado de invierno, parece que tenga el don no sólo para hacer muchas cosas sino de hacerlas todas bien. Su fotografía culinaria no necesita presentación.  Y su libro publicado con Demodé Books, Helados caseros  reúne su parte más científica con la creativa, convirtiéndolo en una pequeña joya.

No se me ocurre pues mejor embajadora para esta segunda entrevista en el blog. Porque si la idea inicial de esta sección es inspirar, ella lo hace con creces. No sólo por su fotografía y sus recetas. Sino por su humildad y como mujer. Yo no sé vosotros, pero para seguir realmente una cuenta o un blog, la persona que hay atrás me tiene que decir algo. Y Miriam lo hace.

 

Miriam, la mayoría te conoce a través de tu blog El invitado de invierno pero muy pocos conocen que empezaste como química y te reinventaste como traductora antes de dedicarte plenamente a la creación de contenido web tanto como copywriter como fotógrafa. ¿Cómo ha sido esta evolución? ¿Cómo se pasa de ser científica a humanista?

Es un honor que me llames científica, pero no llegaba a tanto, jeje. Trabajaba en diseño de refinerías y petroquímicas. Elegí estudiar química un poco por eliminación; ahora sé que hubiera acertado de pleno estudiando Tecnología de los Alimentos, carrera que no existía cuando me tocó elegir… Cuando me planteé dejar la ingeniería porque estaba hasta el moño del machismo de ese sector quise cambiarlo por un trabajo que pudiera ejercer desde casa sin un jefe cretino y organizándome mi propio horario. Tenía buen nivel de inglés y se me daba bien escribir, por lo que vi en la traducción técnica una vía de escape ideal. Me saqué un certificado de traducción y allá que fui; resultó ser una de las mejores decisiones que haya tomado en la vida. Más tarde, en el 2009, abrí el blog como pasatiempo y sin ninguna intención especial, pero se convirtió en mi tabla de salvación cuando la crisis hizo caer en picado mi negocio de traducción.

¿Food blogger o fotógrafa? ¿Ha sido la cocina y la fotografía tu vocación desde niña o fue algo que descubriste con los años?

De la fotografía sí puedo decir que me gustó desde muy pronto; mis padres me regalaron una cámara con nueve años, así que algo verían en mí. Supongo que ha estado siempre relacionado ese gusto con mi afición por la pintura, que esa sí diría que la tengo desde que nací. No puedo decir lo mismo de la cocina, que me interesó bastante más tarde. Sí que recuerdo ayudar a mi madre y a mi abuela en casa de vez en cuando, y empezar a cocinar cosas facilitas de adolescente, dulces sobre todo, pero cuando de verdad empecé a profundizar en el aprendizaje fue cuando me independicé, primero, y luego cuando abrí el blog. En la actualidad no sabría decir cuál de las dos cosas me gusta más, porque disfruto de todo el proceso: buscar la receta, cocinarla, fotografiarla y redactar lo que se publicará.

 

¿Cómo es el día a día de Miriam? ¿Qué es lo que te inspira a la hora de crear una receta y hacer una fotografía?

Mi día a día empieza con un poquito de planificación de las recetas que tengo que cocinar y me pongo en marcha; apunto todo en un calendario, desde el día de publicación o entrega al día en que tengo que hacer la compra. Salgo a comprar, si lo necesito, y luego me meto en la cocina. Cuando no estoy en la cocina estoy en mi salón tirando fotos, con el zafarrancho correspondiente porque no tengo un estudio como tal (aún), en el ordenador procesando fotos o escribiendo recetas, ya sea para mi blog, ya para las marcas con las que trabajo, o documentándome para recetas futuras y viendo fotos de otra gente todo el tiempo. Consulto muchos libros de cocina, tengo una colección enorme, y me paseo incesantemente por Instagram y Pinterest recopilando ideas. Siempre tengo mil recetas pendientes en cartera.

Tus fotografías son fácilmente identificables por la luz tan especial que emiten a pesar de ser la mayoría en clave baja ¿Nos podrías contar cuáles son tus referentes en cuanto a fotografía culinaria y dónde te has formado?

Muchas gracias por lo de fácilmente identificables, pero yo no lo veo. Tengo kilómetros de cosas que aprender, en especial en estilismo, que es la parte que más me cuesta. Por eso mis fotografías suelen tener muy pocos elementos, porque tengo que esforzarme mucho para colocarlos y verlos bien. Mis referencias para las fotos vienen más de la pintura del Siglo de Oro holandés que de un fotógrafo concreto. Adoro a Vermeer y los bodegones holandeses del XVII desde que era muy joven, y esa es la luz que veo cuando hago una foto, no voy mucho más allá. Otra cosa es que consiga replicarla. En cuanto a la formación, desde que empecé con el blog he hecho diversos cursos en línea, pero no sé por qué siempre me quedo más con los aspectos técnicos que con los artísticos.

A raíz del blog, ofreces servicios de fotografía y de copywriter a través de Miriam García Gastro. También tienes otros proyectos en paralelo como los Retiros creativos y School of tapas. Eres claramente una mujer con múltiples intereses. ¿Qué es lo que más te realiza y cómo compaginas todo con la faceta de madre?

Pues esto ha sido siempre uno de mis problemas, que me gustan muchas cosas y no me centro del todo en ninguna. Me llevó mucho tiempo decidir cuáles servicios profesionales podía ofrecer derivados de lo que hacía en el blog, hasta que me decanté por la fotografía y la redacción. La creación de Retiros Creativos con mi amiga Carmen de Tía Alia Recetas y de School of Tapas con Raúl de El Oso con Botas y Eva de Bake-Street vino porque pensamos que en ambos casos había una vía poco explotada y que podíamos despertar interés o encontrar otra línea de negocio. No le dedicamos aún todo el tiempo que debiéramos a ninguno de los dos, pero estamos en ello.

En cuanto a lo de compaginar mi oficio con tener hijos… sin acritud, ¿por qué esto nunca se lo preguntamos a los hombres? Lo compagino todo de maravilla porque trabajar en casa es un lujo asiático. Pierdes un tiempo nulo en transporte y en elegir modelito todas las mañanas (tampoco en comprártelo) porque puedo trabajar en pijama si me da la real gana. Como contrapartida, falta algo de contacto humano por lo que no es un sistema de trabajo que recomiende a todo el mundo, pero yo soy bastante hurón y me viene como anillo al dedo.

¿Cómo y en qué momento surgió la idea de la colaboración con la editorial Demodé Books para crear tu libro digital “Helados caseros” y por qué helados?

Fue Paula quien me contactó; me había conocido en un curso de marketing que hicimos ambas y le gustó mi trabajo. Y su oferta fue publicarme un libro de lo que yo quisiera, me dieron libertad total, qué inconscientes. Entre lo que yo pensé y sus sugerencias opté por los helados porque en aquel momento no existía publicado más que algún recetario sencillo y consideré que yo podía ofrecer una perspectiva algo diferente gracias a mi formación como química. Pero no es fácil encontrar un punto de vista distinto, porque para publicar un recetario sin más encuentro que ya está el sector un poco saturado.

Y para terminar, ¿qué consejos le darías a alguien que quiera dedicarse a la fotografía culinaria?

Que mire mucha pintura y mucha fotografía. Que mire todo el rato, sin parar. Que mire el paisaje y su luz cuando vaya en coche. Que mire a la gente y la comida en los bares y restaurantes. Que vea cine clásico. Y que aprenda los aspectos técnicos; hoy día lo tenemos muy fácil con todos los cursos en línea.

Gracias Miriam, por tu  disponibilidad, simpatia y sabios consejos.

¿Qué os ha parecido? ¿Pura inspiración verdad? Quién no daría por hacer sus recetas y fotografías, ¿verdad?

¡Nos vemos muy pronto!

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¡Hola! Soy Sonia Layola, pastelera artesana y fotógrafa culinaria. Bienvenido al rincón desde el que comparto todo lo que sucede en mi día a día, entre harinas y luces.

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